28 Octubre 2016

Porque ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. 1 Corintios 2:16

Yo no puedo conocer a Dios, y jamás podré hacerlo. Él lo dejó muy en claro cuando Job fue convencido de su propia ignorancia comparado con Dios. Pero eso no debería preocuparme ni ser un obstáculo para seguir a Dios con todo mi corazón y fidelidad.

¿Cómo puedo seguir a alguien o algo que no conozco? Eso se llama fanatismo y tradición, en otras palabras, es sólo es una religión. Sin embargo, el cristiano religioso es un lastre para la verdadera iglesia de Dios, pues da una imagen errónea al mundo de lo que verdaderamente significa seguir a Cristo.

¿Entonces cómo funciona? Si no puedo entenderlo y tampoco debo seguirlo sin hacerlo, ¿significa que el cristianismo es una paradoja?

No, es en realidad muy sencillo. Todo el pasaje de Corintios nos lo explica. Yo no puedo conocer a Dios usando mi propio razonamiento, mi lógica, mi mente. Dios es tan grande que es inefable e inescrutable. No puedo ni siquiera entender más allá del concepto de que tiene que haber algo más allá de nosotros que rija sobre todo lo creado.

Sin embargo, los que seguimos a Cristo vivimos y andamos por fe, no por vista. La mente humana reacciona a los sentidos, los cinco, que nos ayudan a percibir el mundo y situaciones que nos rodean, eso es vista. Pero la mente del que sigue a Dios tiene un extra, algo puesto ahí por el Señor cuando creemos en él, su Espíritu Santo.

Ese Espíritu nos ayuda a entender lo que Dios es porque es Dios mismo. ¿Quién mejor que el autor para explicar el significado de su obra? La Biblia, la voluntad del Señor misma, no puede ser entendida más que a través del Señor mismo. La fe me da entrada a ese entendimiento que de otra manera no podría alcanzar. Por eso, el que yo no sea capaz de entender a Dios por mí mismo no debería preocuparme, porque el justo vive por fe, no por vista. Mi incapacidad se ve suplida por la omnipotencia de Dios, y mi debilidad por su fuerza. Mi falta de conocimiento no es obstáculo para que su Espíritu me enseñe y guíe, eso significa tener la mente de Cristo.

Entonces, no ser capaz de entender a Dios no significa que no pueda seguirlo, porque yo ando por fe y su Espíritu me guía hacia su voluntad. Esa es la maravilla de nuestra fe, que Dios escogió a los débiles, a los torpes, y a los necios (de los cuales yo soy uno) y les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

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27 Octubre 2017

Buenos días, recuerda lo que dijo Cristo en Juan.

Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: Juan 14.15-16

Amar a Dios significa obedecerlo. Pero no siempre obedecemos por amor. ¿Qué quiero decir? Bueno, es sencillo en realidad. Nosotros deberíamos obedecer a Dios como respuesta a lo que él ha hecho por nosotros. Él nos amó primero y siendo aún pecadores, su Hijo murió en nuestro lugar, pagando la sentencia de muerte que pendía sobre nuestras cabezas. Como respuesta de alguien que sabe que ha sido rescatado de un lugar sin esperanza, ese alguien ama y agradece y hace todo lo que puede para agradar a quién lo salvó. No me importará si a mí me cuesta sacrificarme por alguien que sacrificó su vida misma por mí, y aún mi entrada al infierno.

Sin embargo, hoy muchos obedecen a Dios por mandatos enseñados por hombres, es decir, porque sus papás y abuelitos así les enseñaron. No reconocen su necesidad de un salvador en realidad, y aunque entienden el concepto, su vida no la ven tan mal como para necesitar ser rescatados. Al fin y al cabo, siempre han sido cristianos, siempre han ido a la iglesia, siempre han estado en el coro o sirviendo, ¿por qué Cristo tendría que salvar a alguien que siempre ha sido bueno y le ha servido?

A veces es sólo costumbre, es lo que siempre han hecho, no conocen otra cosa, así los educaron y así viven el resto de sus vidas. Nunca tienen un verdadero encuentro con Cristo y sus pecados se mantienen ocultos en sus corazones. Su vida nunca es transformada por el poder de la verdad central del evangelio, que Cristo vino a rescatar a los que se habían perdido. Viven una vida cristiana sin ser realmente cristianos, obedecen los mandatos por costumbre, no por amor, no por agradecimiento, sin fe.

A Dios no le interesa la obediencia sin fe y sin amor. No quiere sirvientes, quiere hijos que le sirvan. No quiere esclavos, quiere siervos que se queden con él por amor, un amor que nace del trato justo, bueno y sabio del Señor. A los que le sirven así, los convierte en sus hijos, hijos que obedecen a su Padre por amor, pues es un Padre que quiere cosas buenas, agradables y perfectas para sus hijos.

Ahora, de estar metido en la inmundicia del pecado, esperando mi turno para recibir el castigo que merecía, pasé a ser siervo del Señor que me salvó pagando con la vida de su Hijo el precio de mi libertad. Y de siervo, ahora soy hijo, y no sólo eso, sino coheredero de las promesas que él ha dejado por escrito para sus hijos. Y como adicional, me dejó al cuidado del Consolador, parte de él mismo, para que me guíe, para que me dé su sabiduría, para que me pueda estar en comunión con él, en línea directa y sin intermediarios.

Yo creo que este es el mejor trato que he hecho. Mi vida por la vida eterna que él me ofrece. La inmundicia y desperdicio de mi vida de pecado, por una vida digna de estar en su presencia, limpia y perfeccionada. Y esto no por mí, sino por el amor que él me tuvo primero a mí y por su obra en la cruz a mi favor.

¿Cómo no amar a quién me amó primero? Y no de palabra, sino de hecho.

19 Octubre 2017

¿Quieres vivir eternamente o quieres vivir en la eternidad?

El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará. Mateo 10:39

Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará. Lucas 17:33

El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Juan 12:25

Nuestra vida es importante para nosotros porque… pues es nuestra. Tenemos la idea de que por ser nuestra podemos hacer con ella lo que queramos, y no estaríamos tan errados si no fuera porque hemos perdido completamente el sentido de ella.

Creemos que la vida es para disfrutarla, para ser feliz, para encontrarse a uno mismo. Sentimos que la vida debe vivirse al máximo de manera subjetiva, es decir, cada quien debe hacer lo que lo haga feliz. Podemos incluso tomar la opción de buscar la felicidad en otros, en ayudarlos, en tenerlos cerca. Son cosas que son de buen ver a nuestro corazón, sin embargo, una y otra vez, y en la vida de todos aquellos que han decido estos caminos, encontramos que siempre falta algo. Solemos vivir vidas egocéntricas, aún ayudamos a otros para sentirnos bien en nuestro interior. Si algo no es conforme a nuestra opinión o juicio, es algo malo, si algo me dice que estoy mal, es algo aún peor. quiero crecer, pero quiero crecer a mi ritmo y hacia donde yo quiero. Ya tengo metas, y si algo me impide obtenerlas, me frustro o me enojo, me deprimo. Vivimos con verdades relativas y subjetivas, sin acordarnos de una verdad absoluta “la verdad permanece verdad aunque nadie la crea”.

Sin embargo, la Biblia me enseña una verdad diferente. Si yo quiero vivir para mí, entonces moriré y perderé esa vida que estoy empeñado en cuidar y sacar adelante. Si, en cambio, decido perderla, desecharla por una vida mejor, entonces tendré una recompensa eterna. La cosa es así: si yo decido vivir en esta vida para mí, aquí tendré mi recompensa, y en la eternidad sólo me queda el castigo de mi pecado; en cambio, si decido vivir de acuerdo a los lineamientos bíblicos y cristo-céntricamente, mi vida aquí será un desperdicio (en los estándares del mismo mundo), pero obtendré la vida eterna que el Padre ofrece a sus hijos obedientes.

Seguir a Cristo debe provocar que yo muera a mí mismo, e incluso puede provocar que me maten por ello. Seguir a Cristo debe hacer que yo desprecie lo que el mundo me ofrece, porque he encontrado algo mejor. Perder mi vida por Cristo me hace digno ante el Padre de recibir vida en Cristo. Desechar mi vida terrenal me hará tener una vida eterna.

Nuestra esperanza no es tener una mejor vida ahora, sino tener vida eterna cuando estemos en su presencia. Cualquiera que te diga otra cosa, te engaña, o no ha entendido lo que la vida significa en realidad. Vivimos una vida prestada, no propia, y nos van a pedir cuenta de lo que hacemos con ella.

11 Enero 2017

Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo. Efesios 5:14

Hace muchos años, leí un pequeño libro/tratado evangelístico llamado “¿Por qué no hay avivamiento?”. Hoy en día, la iglesia, y el mundo, siguen haciéndose la misma pregunta: ¿por qué no hay avivamiento?

Yo he querido desde entonces ser parte de ese avivamiento, pero Iglesia, entiende esto: el avivamiento no es en la Iglesia ni por arte de magia, sino en cada uno de nosotros a través de una vida de fe y obediencia, y amor por Dios y su Palabra.

No ha habido avivamiento porque la Iglesia es desidiosa; no ha habido avivamiento porque la Iglesia no quiere comprometerse con Dios; no ha habido avivamiento porque la Iglesia no quiere obedecer la Palabra en su totalidad; no ha habido avivamiento porque la Iglesia se ha dejado seducir por doctrinas plagadas de hedonismo y humanismo; no ha habido avivamiento porque hemos cambiado al Señor por nuestros ídolos del Señor; no ha habido avivamiento porque en nuestra prioridad no está Dios; no ha habido avivamiento porque no queremos vivir por fe; no ha habido avivamiento porque somos flojos para estudiar; no ha habido avivamiento porque hemos permitido a falsos maestros y profetas que tomen el control de la Iglesia; no ha habido avivamiento porque no hemos salido a predicar el evangelio; no ha habido avivamiento porque somos cobardes; no ha habido avivamiento porque predicamos con imágenes bonitas en redes sociales y no de boca en boca y con la Biblia en la mano; no ha habido avivamiento porque la unidad de la Iglesia se ha perdido; no ha habido avivamiento porque el amor ha dejado de reinar en el corazón de la Iglesia; no ha habido avivamiento porque en el altar de nuestro corazón está cualquier cosa menos Dios; no ha habido avivamiento porque nos hemos puesto por encima de Dios; no ha habido avivamiento porque primero soy yo y después mis hermanos; no ha habido avivamiento porque nos acercamos a Dios sólo cuando tenemos problemas o necesidades; no ha habido avivamiento porque tratamos a Dios como alguien que merece conocernos en lugar de darnos cuenta que él es el Dios del Universo y nosotros criaturas de sus manos; no ha habido avivamiento porque creemos que podemos hacer lo que queramos en lugar de recordar que Dios es un Dios Omnipotente, Omnisciente, Omnipresente delante del que debemos dar cuentas; no ha habido avivamiento porque la Iglesia ha dejado de ser Iglesia para convertirse en un club social.

Queremos que el Señor avive a la iglesia para que cuando la iglesia sea avivada a mí también me toque, queremos que su Espíritu descienda sobre la iglesia para que yo, estando ahí, también reciba ese Espíritu, queremos que la iglesia despierte para que nos levante a nosotros que dormimos… pero así no es. El avivamiento empieza en ti, no en la Iglesia, en tu casa, no en el Templo, en tu obediencia, no en el derramamiento del Espíritu.

La Iglesia está dormida y quiere despertar, pero quiere que otros despierten primero, que otros tomen la iniciativa, que otros sean los avivados y yo ir con la corriente. Nadie quiere ser el que despierte a todos, nadie quiere hacer el sacrificio de orar y leer la Palabra diariamente, nadie quiere vivir cien por ciento de acuerdo a las Escrituras, nadie quiere engarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguir al Maestro.

Queremos que el avivamiento pase en la Iglesia, no en nosotros. Queremos que el Espíritu se derrame en la Iglesia y que por consecuencia en nosotros también. Queremos que la Iglesia se levante para ser parte de un movimiento que puede cambiar el mundo. Lo que no queremos es despertarnos temprano a orar, lo que no queremos es tener un tiempo diario de estudio de la Palabra, lo que no queremos es obedecer la Escritura, lo que no queremos es dejar de vivir para nuestra carne, lo que no queremos es dejarnos usar por Dios para hacer su voluntad.

La Iglesia quiere un avivamiento, el mundo necesita uno, ¿qué tan dispuesto estás de ser tú el causante de ese avivamiento en tu trabajo, en tu escuela, en tu familia, en tu colonia o barrio? ¿Qué tan dispuesto estás a ser como Cristo para que el mundo le conozca a él y no a ti? ¿Qué tan dispuesta estás a dejarte usar por el Espíritu? ¿Qué tan dispuestos estamos a dejar de ser nosotros para convertirnos en verdaderos hijos de Dios?

27 Diciembre 2016

¿Ser cristiano me permite hacer lo que yo quiera sin preocuparme de las consecuencias? ¿Puedo ejercer mi “Libertad en Cristo” de manera discrecional?

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Romanos 8:1-2

Según el versículo anterior la respuesta es no. Es simple, no tenemos condenación cuando estamos en Cristo, pero estar en Cristo no significa lo que muchos creen que significa. He ahí el mayor problema, definir qué significa estar en Cristo. Y digo “mayor problema” no porque sea difícil hacerlo, sino por la falta de compromiso del “cristiano” y su falta de estudio y conocimiento de Dios y de su Palabra.

Este versículo nos ayuda a definirlo también. Andar en Cristo significa andar conforme al Espíritu y no conforme a la carne. Es decir, no vivir como queremos, sino como Dios quiere para nosotros. No sólo en valores y en buena conducta, sino cumplir lo que dice Habacuc y Pablo: “el justo por la fe vivirá”.

Esto pone un alto muy grande a todas nuestras aspiraciones de hacer lo que queramos con la excusa de que no hay condenación, ni castigo, ni ajuste de cuentas sin importar lo que yo haga, pues ya pedí perdón a Dios y soy su hijo. La Biblia nos explica una y otra vez que su pueblo, sus hijos, sus amigos, sus amados son los que guardan sus mandamientos; no los que van a la iglesia o los que se dicen cristianos, sino los que dan su vida diariamente negándose a sí mismos, tomando su cruz y siguiéndole a donde los mande.

Yo no puedo usar mi libertad en Cristo para hacer lo que quiera y esperar que no tenga consecuencias delante de Dios, pues Cristo mismo nos dejó dos pautas para definir todo lo que hacemos: Ama a Dios con todo lo que eres y ama a tu prójimo como a ti mismo. En base de estas dos cosas podemos entonces tener esa libertad de actuar como queramos en Cristo, siempre y cuando andemos conforme al Espíritu y no conforme a nuestros propios deseos egocéntricos, orgullosos y egoístas.

Los que perseveren hasta el fin en esto serán los que alcancen la corona de vida; quienes cumplan con esta encomienda serán los escuchen las benditas palabras de la boca de nuestro Salvador: “Bien, buen siervo y fiel. En lo poco fuiste fiel y en lo mucho te pondré. Entra en el gozo de tu Señor.”

25 Noviembre 2016

Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. Marcos 10:29-30

En respuesta a un comentario previo de Pedro, Jesús nos contesta a todos lo que muchos necesitamos oír: “ser cristiano vale la pena”. Jesús acababa de dar a entender que el joven rico no podría entrar al reino de los cielos a menos que dejara de confiar en lo que tenía y empezara a confiar en Dios (por la simple razón de que ninguno de nosotros puede servir a dos señores).

Sin embargo, en la cultura de la época (así como en la actual), ser rico abría muchas puertas. Si un rico piadoso (que seguía la ley) no podría ser salvo, ¿qué esperanza tenían ellos?

Jesús, en su misericordia, les explica que la salvación viene de Dios y no de los hombres o sus logros, dando a entender un principio básico para nosotros: Dios es el autor de la salvación. De esa manera, como autor de esa salvación también es autor de todo lo que la salvación conlleva.

Dios nos da la salvación por su gracia y misericordia, pero también nos advierte del peligro de no cuidarla y nos habla de responsabilizarnos de lo que ser salvo significa. Junto con la fe, santidad y obediencia, Dios nos pide amor, misericordia y gracia para con otros. Sabe además que esta vida es la más difícil que pueda vivir el hombre, pues atenta contra el estilo de vida del mundo y contra nuestra propia naturaleza egoísta y egocéntrica. Es por eso que Jesús nos asegura que vale la pena seguirlo.

Al andar por el sendero bíblico, tendremos que dejar en el camino ancho muchas cosas que nos agradan, y a mucha gente también, esta es una de las principales razones por las cuales muchos se alejan de Dios, no quieren pagar este precio. Pero todo lo que dejemos nos será recompensado en esta tierra, y sobre todo en la vida eterna. No estoy hablando de una prosperidad garantizada, pues el pasaje habla de personas y tierras, de compañía y de necesidades básicas.

Y algo que muchas veces ignoramos de este pasaje son las palabras “con persecución”. No nos gustan, no nos agradan y no las queremos para nosotros, sólo queremos el “cien veces más ahora en este tiempo” de aquello que perdimos. Jesús en repetidas ocasiones nos habla de eso, y nos advierte “en el mundo tendréis aflicción” y “les echarán mano, los perseguirán, los entregarán”, pero son cosas que pasamos por alto, que no queremos ver. No queremos sufrir por causa de nuestra fe, pero queremos recibir todos sus beneficios.

Así no funciona, como funciona es como dijo Cristo “en el mundo tendrán aflicción, pero confíen, yo he vencido al mundo”. Cristo venció al mundo en la cruz y en su resurrección, derrotando el poder más imbatible que existe de una vez y para siempre: la muerte. Es en su muerte en la que encontramos salvación, y en su resurrección en la que podemos poner nuestra esperanza.

Al final de cuentas en esta tierra tenemos la ayuda de Dios y su fortaleza para seguir adelante, pero “en el siglo venidero la vida eterna”. No sé cuál es su esperanza, pero esta es la mía.

24 Noviembre 2016

Buenos días, hoy meditaba en este versículo y quisiera compartirte lo que he aprendido.

Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! 1 Corintios 9:16

La responsabilidad principal del cristiano en la tierra es agradar a Dios, y para agradar a Dios debemos hacer dos cosas: 1) Vivir por fe y en santidad (pues “el justo por la fe vivirá y “amarás al Señor tu Dios con todo lo que eres”); 2) Predicar el evangelio y esparcir la buena noticia de su hijo (porque nos dijo: “Id por todo el mundo y predicar el evangelio” y “amarás a tu prójimo como a ti mismo”).

Es en este segundo punto donde hemos perdido más terreno, donde hemos hecho a un lado nuestra responsabilidad y donde hemos dejado de intentar. Vivir por fe implica todo el modo de vivir del cristiano, desde que se levanta hasta que duerme, en cada paso, decisión, acción emprendida, para con Dios y con los hombres. Predicar el evangelio es ir un poco más allá y convertirnos en mensajeros del evangelio que Dios nos envió a nosotros primero.

Predicar el evangelio es ir a dar tu vida por otros, tu tiempo y tu esfuerzo para dar a otros el urgente mensaje del peligro inminente en que se encuentran, y quiero que recuerdes algo, no es un consejo, o una opción, es un mandato tan vigente y tan necesario de cumplir como amar a Dios y a nuestro prójimo, pues estas dos son la razón de hacerlo. Sin embargo, no podremos hacerlo si primero no creemos nosotros mismos que nuestros vecinos y amigos se encuentran en un peligro inminente.

No es lo mismo saber que creer. Sabemos que usar el celular al manejar es peligroso, pero no lo creemos hasta que chocamos por estar usándolo. Antes de eso, lo sabemos, pero no creemos que nos pueda pasar a nosotros, somos un punto y aparte de todos los demás, más hábiles, mejores. Cuando chocamos, cuando un amigo muere en un accidente causado por un celular, es cuando empezamos a creerlo y cuando dejamos de usarlo.

De esa misma manera, sabemos que las personas que amamos van directamente al infierno y a la muerte eterna, pero no necesariamente lo creemos. De otra manera, tendríamos la urgente necesidad de advertirles de ese peligro y de hablarles de la única posibilidad que tienen de salvarse.

Pero no lo hacemos. Notemos la necesidad que Pablo tiene en este pasaje de predicar el evangelio y oremos para que nosotros la tengamos también. Él está defendiendo sus derechos de apóstol ante una iglesia de Corinto que le dio muchos dolores de cabeza, sin embargo, a pesar de no ser tratado y ayudado como es debido por el mismo cuerpo de Cristo, él no puede dejar de predicar el evangelio porque necesita predicarlo. Dios le dio esa encomienda, y ha puesto a Dios por encima de sus problemas, escasez, necesidad y resistencia. Le es imperativo obedecer el mandato de Dios y compartir su mensaje.

¿Lo es para nosotros? ¿Será que sabemos del peligro en que se encuentra el mundo, pero no lo creemos? ¿O será que sabemos lo que dice la Biblia pero no le creemos?

Seamos esforzados y valientes en cumplir lo que Dios nos ha mandado a través de su palabra y salgamos con fe y valentía al mundo a compartir el mensaje más maravilloso y sublime que jamás puedan escuchar… pero primero aprendamos a creer ese mensaje nosotros mismos.